29 mar. 2013

Arbitrariedad cometida con los jesuitas, expropiación y expulsión

Incendio templo de los jesuitas en Madrid, mayo de 1931
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Gobierno Provisional de 1931
Este artículo es continuación de "Azaña y la quema de templos"
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Niceto Alcalá Zamora
Niceto Alcalá Zamora fue el mayor artífice de la caída de Alfonso XIII y de la instauración en España de la democracia, en forma de república, durante 1931. Alcalá Zamora era un rico terrateniente andaluz y se consideraba como católico.
Anteriormente a esta situación, había existido en España un antisocial capitalismo de corte feudal que acabó debido a los desastres de 1898 y las estúpidas derrotas en Marruecos, todas ellas enmarcadas dentro de una violencia protagonizada por la clase trabajadora, cansada de sufrir penalidades.
Derrotas militares, rebelión popular y caída de los indicadores económicos finalizaron cuando se alumbró la dictadura de Miguel Primo de Rivera, que se retiró en enero de 1930 cuando la mayoría de la nación deseaba un régimen de libertades, entonces se llevaban unos años de progreso y paz exterior e interior.
Tras una breve, decepcionante e incruenta transición llegó la democracia el 14 de abril de 1931.
Cuatro semanas perduró intacta la ilusión por la República. En los días 10 y 11 de mayo se incendiaron templos a lo largo y ancho de España, ante la total pasividad del gobierno presidido por Alcalá Zamora; ejerciendo Miguel Maura de ministro de Gobernación, Fernando de los Ríos como ministro de Justicia, con Largo Caballero ocupando la cartera de Trabajo. Manuel Azaña actuaba como presidente de la República, cargo que con él pasó a ser el de una marioneta  con la llegada  al poder del Frente Popular debido a las elecciones legislativas de febrero de 1936.
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Arbitrariedad cometida con los jesuitas.
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No existió remordimiento oficial por las tropelías cometidas los días 10 y 11 de mayo de 1931. Todo lo contrario, y es lamentable que en unos años de gobierno, que podemos considerar de derechas tradicionales, no sólo no se castigó la furia anticlerical de mayo de 1931 con la quema de templos, sino que se dictaminó que la fatal evolución de la economía, existente, desde la instauración de la República, se resolviese popularmente con medidas contra las iglesias. Una de ellas, la más conocida era la de los jesuitas, ubicada en la Gran Vía madrileña esquina a la calle Flor. Pero por lo más tarde sucedido,  aún no había sido "suficiente el castigo" dado a los templos católicos y, sobre todo, a los jesuitas.
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El caso es que el 23 de enero de 1932, Azaña a través del ministro de Justicia, Fernando de los Ríos, decretó disolver la Compañía de Jesús, con el visto bueno  de Alcalá Zamora ejerciendo como presidente de la República.
10 mayo 1931. Incendian la iglesia de los jesuitas
Además, por el decreto se expropiaba a los jesuitas de todos sus bienes, templos, residencias y obras sociales, y se les conminaba a irse de España en el plazo irrevocable de diez días. La única alternativa ofrecida para no ser expulsados consistía en renunciar a sus hábitos y admitir la legalidad del decreto. Tres mil jesuitas y algo más de seiscientos estudiantes que estudiaban en el extranjero, futuros jesuitas, se vieron afectados por la arbitraria disposición.
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Los argumentos y peticiones del papa Pío XI no tuvieron el más mínimo reflejo en la normativa decretada. Quizás, con su protesta Pío XI pudo en algo frenar probables siguientes tropelías a realizar contra el cristianismo, sus creyentes, sus órdenes y sus bienes.
La reacción de la prensa, muy controlada y bien subvencionada, fue mínima o insuficiente. La reacción de las juventudes de clase media y cultura cristiana comenzó a fraguarse, a conformar agrupaciones de fondo cristiano y carácter tradicionalista para contrarrestar la filosofía aplicada, condensada en: el pensamiento de Azaña: "España ha dejado de ser católica porque sí, para eso estamos en democracia".
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jesuítas
En 1767, por indicación de Clemente XIV y reinando Carlos III, sucedió en España un hecho de consecuencias similares contra los jesuitas. El Vaticano, analizando el progreso que con su abnegación obtenían los jesuitas, solicitó a los monarcas de Portugal y España obraran contra la Compañía de Jesús. Los jesuitas propagaban el catolicismo, pero no se ceñían a los intereses papistas y de las monarquías.
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En la Segunda República, Miguel Maura pronto dimitió, pues siendo ministro de Gobernación y católico cedió ante la pasividad exigida por Azaña con los revolucionarios en aquellos días de mayo de 1931.
La coalición republicano-socialista no pudo cumplir su legislatura debido al caos reinante y la mala marcha económica de la nación. Su derrota fue radical en las legislativas del 19 de noviembre de 1933.
Azaña subió a la presidencia de la nación el 11 de mayo de 1936, gracias a tomar el Frente Popular el poder en febrero de ese año. Su función se limitó a firmar los edictos pertinentes. Retirado  a vivir en la costa levantina. El 3 de marzo de 1939 dimitió de la presidencia de la República y se trasladó al sur francés.
Alcalá Zamora ejerció de presidente del Consejo de Ministros en el Gobierno Provisional y en el primer gobierno hasta el 11 de diciembre de 1931 (Azaña le sustituyó en el cargo), cuando pasó a la presidencia de la nación. Con el Frente Popular en el poder, el 7 de abril de 1936, una maniobra ilegal de fuerza del PSOE le derribó, siendo sustituido por Azaña.

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