23 dic. 2016

Hernán Cortés. La Matanza del Templo y la Noche Triste en Tenochtitlan


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"Hernán Cortés manda quemar sus naves", óleo de Rafael Monleón 1887   Museo Naval., Madrid

Este artículo es continuación de "los escritores amarillos y la formación del espíritu nacional" Continuará con "Los conquistadores españoles del siglo XVI, según Charles F. Lummis". Esta segunda parte y la tercera son contrapuestas, a una distancia difícilmente creíble incluso para una persona adoctrinada o sin formación cultural. Es necesario publicar los dos artículos para, comprender la falsedad vertida por los escritores y educadores amarillos.
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Hernán Cortés y Pedro Alvarado. La Matanza del Templo y la Noche Triste en Tenochtotlan
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Tenochtitlan, ilustración recreando cómo era
Hernán Cortés tras un largo y victorioso periplo bélico y haber pactado una alianza con los tlaxcaltecas, alcanzó Tenochtitlan, la capital azteca, donde el emperador Moctezuma gobernaba a las diversos pueblos de México, que le rendían vasallaje. Pronto Hernán Cortés controló al emperador, que pasó a residir en el palacio morada de los españoles.
Estando allí, Cortés fue avisado que debía regresar a Yucatán para entrevistarse con Pánfilo Narváez, que tenía instrucciones de apresar a Cortés por haber desobedecido a Diego Velázquez de Cuéllar, gobernador de la región con base en Santiago de Cuba. Pero Hernán Cortés puso de su parte a las tropas de Narváez, compuesta por unos seiscientos hombres, gracias al señuelo real de inmensas riquezas que se robarían para repartir. Con estos refuerzos, Hernán Cortés regresó a la capital azteca. Varios de estos soldados estaban infectados de viruela, enfermedad que pronto se propagó, diezmando a la población, tanto a la aztecas como a la de otros pueblos de Mesoamérica.
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Antes del encuentro con Narváez, las fuerzas españolas en Tenochtitlan, encabezadas por Hernán Cortés, habían destruido las estatuas de los dioses aztecas erigidas en el Templo Mayor.
El 20 de mayo, quizás el 22, de 1520, en ausencia de Hernán Cortés, Pedro Alvarado dio el visto bueno a una reunión social-religiosa de los aztecas en el Templo Mayor que conmemoraban el final del periodo Tóxcatl, conforme a su calendario. Allí estaban congregados sacerdotes y nobles, algunos de ellos con sus mujeres e hijos. Alvarado ordenó cerrar las puertas y sus tropas con mosquetones y sables masacraron a los cientos de congregados desarmados, procediendo luego a despojar los cadáveres
Templo Mayor, destrucción de las imágenes
de los dioses aztecas

La irresponsable Matanza del Templo Mayor, originó una lenta pero progresiva reacción popular que el 29 de junio de 1520 cristalizó asesinando a Moctezuma II, Moctezuma Xocoyotzin, por ser considerado colaborador de Hernán Cortés, debido a su cobardía y miedos. Moctezuma vivía secuestrado en el palacio donde residían los españoles.
Hernán Cortés había analizado la situación lamentable e irreversible que sus tropas habían originado, y considerando que la muerte de Moctezuma había eliminado el freno a la violencia popular contra los ocupantes extranjeros, decidió huir de la capital azteca, pero su fuga fue descubierta y se le atacó mientras transitaban en las afueras de la ciudad por puentes de canoas, lugar donde no era válida la superioridad en armamento, caballería o táctica militar de los españoles. Esta batalla se desarrolló en la noche del 30 de junio de 1520, y es conocida por la Noche Triste, fecha en la que los aztecas dirigidos por el príncipe Cuitláhuac, hermano de Moctezuma, infligió una severa derrota a los españoles y sus aliados tlaxcaltecas.
Murió la mitad del ejército de Hernán Cortés, que además perdió el botín que había robado. Los prisioneros españoles e indígenas aliados fueron sacrificados.
La Noche Triste
El 7 de julio de 1520, Hernán Cortés con los supervivientes y los que estaban apostados en Tlaxcala, unos quinientos soldados, algunos caballos, sin artillería y con unos centenares de tlaxcaltecas derrotaron a más de cien mil aztecas en los llanos de Otumba (hay muchas dudas acerca del número efectivo de aztecas que lucharon). Sin embargo, Hernán Cortés no se cegó con el triunfo, regresando a sus bases para reponerse, tanto él como sus soldados, de las heridas sufridas y equiparse debidamente antes de intentar la conquista de Tenochtitlan.
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Hernán Cortés con cerca de mil soldados españoles y varios millares de tlaxcaltecas regresó y puso cerco a Tenochtitlan. Muy superiores en número, los aztecas no fueron capaces de presentar batalla en terreno favorable, por lo que tras ochenta días de asedio, bombardeos y combates cuerpo a cuerpo y una gran crueldad de los combatientes con los rivales y los prisioneros, los aztecas cercados, sometidos al fuego de los cañones, al hambre, sin agua potable y a una epidemia de viruela tuvieron que rendirse el 13 de agosto de 1521 en una ciudad derruida. 
Hernán Cortés torturó a Cuauhtémoc, el último emperador, con la finalidad que confesara los lugares donde estaban almacenados los tesoros aztecas. Cuauhtémoc había sustituido a Cuitláhuac, muerto de la viruela originaria de las tropas de Pánfilo Narváez. Cuauhtémoc,  vivió con secuelas de la tortura padecida, hasta que Hernán Cortés sospechando que conspiraba contra él , le ejecutó el 28 de febrero de 1525.
Hernán Cortés en la batalla de Otumba
anónimo Museo del Ejército 
Los tesoros no destruidos de la mayor ciudad de América pasaron a manos de Cortés, es decir, a la Casa de Habsburgo instalada en España, para con ellos financiar sus proyectos imperialistas en Europa y sus guerras de religión.
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En el año 1522, Hernán Cortés había sido nombrado  "Gobernador y Capitán General de Nueva España (México)". En aquella fecha, la civilización azteca, así como todas las demás existentes en México tenían regulado un nombre, una frontera, unas leyes, un señor a quien pagar tributos y una religión.
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Moctezuma II intenta calmar
al pueblo presionado por los
españoles. Ilustración
El papa Clemente VII creó el 13 de octubre de 1525 la diócesis de la servil Tlaxcala, cuyos límites eran los "que señalara el rey de Castilla". De esta manera, los tlaxcaltecas ya tuvieron una ciudad, la Ciudad de Tlaxcala, "Muy Noble y Leal" según reza en el escudo de armas concebido y concedido para solemnizar el evento.

En pocos años, México entero quedaría cubierto de las diócesis precisas. Al final de las luchas y las plagas importadas, la población mexicana estimada en veinte millones de habitantes en 1519, pasó un siglo después a ser aproximadamente de sólo un millón.
Una vez conquistadas las regiones del centro y sur de América y ultimadas las requisas, los ingenieros españoles con una mano de obra muy barata y sufrida extrajeron los metales preciosos encerrados en los yacimientos de Hispanoamérica. Se ultimaba el expolio.
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Europa contempló la existencia de una suficiente fuente de riqueza para desarrollar la opulencia de la Basílica de San Pedro, 1506-1626, y pagar a los muy profesionales Tercios de Flandes, a partir de 1551Un proceso que transfirió el oro y plata americano desde el cofre del Rey y los bolsillos de los militares de los Tercios a las arcas de los ciudadanos e instituciones de Centroeuropa, religiosas o civiles amén de los españoles próximos a los Habsburgo. Eso sí, con las reiteradas quiebras del Estado español, los absorbentes esfuerzos bélicos y la centralización impuesta, el poder desertizó alma y campos de los castellanos y secó el progreso cultural y técnico de España.
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