14 ago. 2014

La Segunda Internacional. Engels. Karl Kautsky. Eduard Bernstein. Rosa Luxemburg. Plejánov. Lenin

Segunda Internacional Socialista. Congreso de Amsterdam. 1904
enlace con el "índice general de artículos de Jose Antonio Bru Blog"
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Engels, Kautsky y Bernstein, en los largos años durante los que transcurrió la Segunda Internacional, con su quehacer dieron un paso que podría haber sido decisivo en Europa, y por tanto en todo el orbe.
Sin embargo, la premisa expuesta por la Internacional, desactivar la guerra, la Gran Guerra, no fue atendida.
Parecía que el logro de la Internacional consistente en que cediendo ambas partes, compaginando el marxismo con las democracias capitalistas, origen de la socialdemocracia, era el movimiento definitivo para lograr dentro de las naciones un progreso estable y una justicia social. Pero el enorme fracaso del capitalismo, certificado en el crash de 1929 y la Gran Depresión, se llevó por delante el bienestar en Occidente, el socialismo (marxismo) con su apuesta por la socialdemocracia, y la paz, y concibió,, con toda lógica, regímenes dictatoriales de distintos credos.
La Segunda Guerra Mundial  fue una consecuencia de los excesos de un capitalismo demócrata fracasado, antisocial e imperialista y de una sociedad europea con unas rémoras decimonónicas y revanchistas dotadas con singularidades seculares insuperables.
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La Segunda Internacional. Explicación de la foto de cabecera.

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Segunda Internacional. Cartel del
Primer Congreso.  París
Karl Kautsky, natural de Praga. Con la colaboración de Berstein y Bebel promovió el Programa de Errfurt. Es el hombre con gafas situado en el centro delante de la ventana.
Kautsky transitó desde la ortodoxia marxista a las tesis revisionistas de Eduard Bernstein, un judío alemán y colaborador de Friedrich Engels, logrando con ello que la Segunda Internacional transformase la doctrina de los partidos socialdemócratas creados en el Programa de Erfurt, de manera que esos partidos socialdemócratas fuesen aceptados por las democracias capitalistas, al moderar (¿eliminar?) en su programa el control del capitalismo y su idea de reparto de la riqueza nacional. Al olvido pasaron las tesis igualitarias formuladas por el marxismo clásico. El cambio de forma de pensar de Kautsky, motivó el desprecio, hacia él, de los marxistas ortodoxos y de los revolucionarios, pues Lenin le calificó de renegado y defensor oportunista de los socialpatriotas en su ensayo "La revolución proletaria y el renegado Kautsky" (Leer: "Programas de Gotha y Erfurt").

Rosa Luxemburg en 1907
Rosa Luxemburg, judía polaca y destacada escritora y oradora. Es la única mujer del grupo. Su ortodoxia y carácter revolucionario le llevó a fundar, junto con el judío alemán Karl Liebknecht, el Partido Comunista Alemán, y siguiendo el camino de Lenin. Ambos provocaron varias revoluciones comunistas en Alemania durante las últimas semanas de la Gran Guerra y después de ella, pero fueron asesinados en el transcurso de una revuelta comunista. (Leer: "Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg")
En 1914, Rosa Luxemburg y Jean Jaurés habían liderado la postura pacifista e internacionalista ante los visibles preparativos militares que se realizaban y que desembocarían en la Gran Guerra. Por sus esfuerzos pacifistas, Jaurés fue asesinado mientras se realizaban los primeros disparos de la guerra (leer "Magnicidio en Sarajevo. Agresión de Rusia y Francia").
Rosa Luxemburg no tuvo éxito en su tarea pacifista, tampoco en la revolucionaria.
La Gran Guerra estuvo originada por motivos triviales de carácter imperialista y revanchista y se limitó, prácticamente a las trincheras,. Los que ostentaban los poderes, muy bien acomodados en sus "refugios" de lujo, enviaron a millones de hombres a la muerte, a la amputación y a un largo sufrimiento en aras de que tenían razón, ellos eran los agredidos, no se ofrecían razones y sólo se apelaba al patriotismo, haciendo bueno el aforismo "el patriotismo es el último refugio de los canallas".
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Victor Adler situado en la foto entre Kautsky y Rosa Luxemburg. Fue el fundador y líder del SPÖ, Partido Socialdemócrata Austriaco, que al igual que el SPD alemán gobernaron su respectiva nación tras la Gran Guerra, hasta que los nacionalsocialistas les derribaron, disolviendo los partidos políticos.
Eduard  Bernstein
Georgi Plejánov (en el centro, llevando en la mano un sombrero claro), pionero de la doctrina marxista en Rusia fundó el Partido Socialdemócrata Ruso. Al igual que Kautsky abandonó el internacionalismo para colocarse a favor del nacionalismo, y en su caso al de la entrada de Rusia en la Gran Guerra. En 1870, Marx y Engels habían preferido el nacionalismo en la guerra franco-prusiana, que la neutralidad basada en el internacionalismo, postura, entre otros, liderada por Bakunin. 
En 1917, Plejánov no compartíó la postura oficial adoptada por su partido  menchevique, por su acercamiento al zar para así poder gobernar en coalición con los eseristas de Alexander Kérensky, y así conjuntamente constituyeron el último gobierno de Nicolás II. Por ello, Plejánov se separó del partido, pero aún seguía más apartado de Lenin y su marxismo de carácter revolucionario.
En 1931, Stalin ejecutó a los dirigentes mencheviques que aún permanecían en la Unión Soviética.
Amilcare Cipriani, en la izquierda de la foto con gran barba y sombrero. Fue un anarquista italiano, que en su juventud había sido un gran colaborador de Garibaldi en la formación de nación italiana.
Émile Vandervelde, hombre alto en la derecha de la foto. Fue el líder de la socialdemocracia en Bélgica y ocupó en su país varias carteras ministeriales. Opuesto a Lenin y a favor de la colaboración de la socialdemocracia con el capitalismo y, por tanto, tomó una postura favorable a los mencheviques.
Enrico Ferri, en el extremo derecho de la foto. Destacado sociólogo y criminólogo que abrazó el fascismo.
Jean Longuet, casi tapado y al lado de Ferri, un socialista y pacifista francés cuyo mayor mérito fue ser nieto de Karl Marx.
Maksymilian Horwitz o Maksymilian Walecki, casi tapado por Kautsky. Líder del socialismo polaco, se pasó al comunismo, llegando a ser miembro de la Komintern. Estuvo en España, y corrió la misma suerte de los que por España pasaron, pues Stalin le llamó a Moscú, donde fue fusilado en 1937.
Ernest Belfort Bax, en la barandilla con gorra en la mano. Inglés perteneciente  a la Social Democratic Federation, SDF, y cuya única singularidad consistía en su cerril oposición a los derechos de la mujer.
Lenin, muy activo durante los primeros Congresos, fue repudiando, hasta llegar a la ruptura, a la Segunda Internacional según ésta giraba hacia un pacto con la burguesía.
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En la foto no están presentes Friedrich Engels, fallecido en 1895 y Eduard Bernstein, pionero del reformismo del marxismo clásico,  que revisando sus reflexiones pudo acercarse a las posiciones de la burguesía; pues ésta, a su vez, se estaba aproximando a la doctrina socialista, al ceder ante algunas de las peticiones de los trabajadores.

Por la izquierda. 3ª Klara Zetkin, Engels, esposa de August Bebel,  Bebel
Por la derecha. Eduard Bernstein y su esposa. Foto de 1893
                                                      La Segunda Internacional
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Congreso de Londres,  junto a las
Trade Union británicas
La Internacional Socialista se refundó a la sombra de los fastos acontecidos en la inauguración de la Torre Eiffel, en 1889. El prestigio y trabajo de Engels, con la colaboración de Jules Guesde, constituyeron el motor principal para la continuación de los Congresos mal acabados de la Primera Internacional.
Durante las primeras sesiones de esta Segunda Internacional, se convino crear el "Día Internacional de los Trabajadores", fijándose, para su celebración la fecha del 1 de mayo en recuerdo a los sucesos de Haymarket. En 1890 se conmemoró la fiesta por primera vez. Años más tarde, en 1910, se estableció el "Día de la Mujer Trabajadora"; se formalizó que su celebración sería los días 8 de marzo. El mayor fallo del Programa de Erfurt había sido el olvido de las mujeres y su trabajo.
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Las primeras sesiones de la Segunda Internacional se celebraron en París entre el 14 y el 19 de julio de 1889. Continuaron en los Congresos de Bruselas del 3 al 9 de agosto de 1891; el de Zurich del 9 al 13 de agosto de 1893; el de Londres entre el 26 y el 31 de julio de 1896; de nuevo en París entre el 23 y el 27 de septiembre de 1900; Amsterdam del 14 al 20 de agosto de 1904; Stuttgart entre 18 y el 24 de agosto de 1907; Copenhague del 20 de agosto al 3 de septiembre de 1910. Entre el 24 y 25 de noviembre de 1912 se celebró un Congreso extraordinario en Basilea.
La Primera Guerra Mundial y sus consecuencias, aconsejó que los siguientes congresos se realizaran en Suiza. Habían sido vanos todos los esfuerzos de la Internacional para frenar los preparativos de la guerra.
Sin embargo, estas reuniones en Suiza estuvieron ensombrecidas por la aparición de la Tercera Internacional o Internacional Comunista convocada por Lenin en la Unión Soviética; primero en Leningrado (San Petersburgo) y ya el Segundo Congreso en Moscú..
Los Congresos suizos fueron celebrados en: Berna entre el 3 y el 8 de febrero de 1919; Lucerna del 1 al 9 de agosto de ese mismo año y Ginebra del 31 de julio al 4 de agosto de 1920.
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Lenin y la Segunda Internacional
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Karl Kautsky
Si en sus comienzos la Segunda Internacional mostró las sensibles diferencias existentes entre las diversas corrientes marxistas; en sus últimos años la idea de socialdemocracia que había predominado a lo largo de muchos años, desarrollada, sobre todo, por Karl Kautsky, quedó postergada por las tesis de Lenin tras su triunfo en la Revolución Rusa de octubre de 1917. Lenin había pasado de ser un socialdemócrata, conforme el ideal de las primeras sesiones, a definir y concretar un nuevo modelo socialista: el comunismo y la revolución social.
Lenin se opuso tanto al giro socialdemócrata próximo a las esencias burguesas que adquiría la II Internacional, como a la recomendación de que al presentarse la guerra cada socialista debería combatir por su nación.
Lenin en su ensayo "La guerra y la socialdemocracia de Rusia", publicado el 1 de noviembre de 1914 en "Social-Demokrat" expuso: "La guerra europea preparada durante decenios por los gobiernos y los partidos burgueses de todos países se ha desencadenado (...) pero cuanto mayor es el celo con que los gobiernos y la burguesía tratan de dividir a los obreros y de azuzarlos a unos contra otros, más imperioso es el deber del proletariado consciente de salvaguardar su cohesión de clase, su internacionalismo, sus convicciones socialistas frente al desenfreno chovinista de la ·patriótica" camarilla burguesa de todos los países.
En un momento de la mayor trascendencia mundial, la mayoría de los jefes de la actual II Internacional Socialista tratan de suplantar el socialismo por el nacionalismo (...) han llamado a la clase obrera a fundir su posición con la de los gobiernos imperialistas. Los jefes de la II Internacional han cometido una traición contra el socialismo al votar los créditos de guerra, al repetir las consignas chovinistas (patrióticas) de la burguesía (...) La responsabilidad de esta deshonra del socialismo recae, ante todo, sobre los socialdemócratas alemanes.

Lenin en 1919
Los oportunistas (Lenin cita, sobre todo, a Kautsky y Vandervelde) pasarán  de querer utilizar la guerra, y su crisis política y económica, para acelerar la caída del capitalismo". Lenin y Rosa Luxemburg en la resolución  de Bebel tras el Congreso de Stuttgart, celebrado en agosto de 1907, habían introducido una enmienda, aceptada, acerca de la obligación de los socialistas de utilizar la guerra para con ella conseguir el triunfo del socialismo.
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La transformación sufrida por el socialismo durante las sesiones de la Segunda Internacional, y en especial por los partidos rusos menchevique y eserista y la postura liderada por Kautsky referente que el hombre socialista debe defender en la guerra a su nación, es recogida por Lenin en su ensayo "El Estado y la Revolución": "¡Y los canallas socialchovinistas de los años 1914-17 encubren la defensa de los intereses rapaces de su burguesía con frases sobre la defensa de la patria, sobre la defensa de la revolución y de la república!
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Pero donde más critica Lenin a Kautsky es en su obra "La Revolución Proletaria y el renegado Kautsky", escrita entre octubre y noviembre de 1918., y donde desarrolla  la definición ofrecida en Ginebra durante 1915: "Kautsky, autoridad suprema de la II Internacional, constituye un ejemplo sumamente típico y claro de cómo el reconocer el marxismo de palabra condujo, de hecho, a transformarlo en "struvismo" o en "brentanismo" (doctrinas burguesas del ruso Struve y el alemán Brentano)".
Lenin critica a Kautsky y su "folleto", así lo denomina, "La dictadura del proletariado". Indica Lenin: ¿Cómo explicar la monstruosa deformación que del marxismo hace Kautsky,  exégeta del marxismo? (...) "Haciendo progresos cada vez más rápidos desde que comenzó la guerra, Kautsky ha llegado al virtuosismo en este arte de ser marxista de palbra y lacayo de la burguesía de hecho"
Más adelante, Lenin censura de nuevo a Kautsky, cuando éste afirma "que en su sentido literal la palabra dictadura significa dictadura de una sóla persona"
La definición que da Lenin de Kautsky por la interpretación que realiza de la doctrina de Marx es: "¡Kautsky tiene que hacer trampas materialmenta a cada paso para encubrir su apostasía!" (...) "todos los subterfugios, los sofismas, las viles falsificaciones de que Kautsk se vale, le hacen falta para rehuir la revolución violenta, para ocultar que reniega de ella, que se pasa al lado de la política obrera liberal, es decir, al lado de la burguesía. Ahí está el quid"
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Fin de la Segunda Internacional
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A partir de 1920-21 se realizaron varios intentos para promocionar los ideales de la Segunda Internacional y continuar con sus sesiones, pero quedaron minimizados por el auge de la Tercera Internacional o Internacional Comunista. El éxito de la Revolución Rusa había sido determinante.
Se impuso el ideario de la Tercera, consistente en que primero es el socialismo, comunismo, y de él emana la democracia, al concepto de la socialdemocracia: primero es la democracia como se entendía en Estados Unidos y comenzaba a entenderse y aplicarse en Europa. Dentro de este modelo de democracia, el socialismo significa la izquierda progresista moderadora del capitalismo y fuente de una justicia social, que debe ser regulada por el partido y los sindicatos afines.
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Palabras de Engels tras la muerte de Marx y durante los tiempos de la Segunda Internacional
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Engels y Marx
Friedrich Engels en el prólogo de "El Manifiesto Comunista", edición alemana de 1890, firmado con fecha 1 de mayo de ese año, escribió:
"La emancipación de los trabajadores sólo podía ser obra de la propia clase obrera... ¡proletarios de todos los países, uníos! (...) el lazo perenne de unión entre todos los proletarios sigue viviendo con más fuerza que nunca, así lo atestigua el día de hoy, Primero de Mayo, el proletariado europeo y americano para revistar por vez primera a sus contingentes puestos en pie de guerra... bajo una sola bandera y concentrado en un objetivo: la jornada de ocho horas. El espectáculo de hoy (se refería a la manifestación del 1 de mayo) demostrará a los capitalistas y terratenientes de todos los países que los proletarios del mundo están unidos. ¡Ya Marx no vive para verlo a mi lado!"
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Engels en la edición italiana, de "El Manifiesto Comunista" de 1893, explicó que las revoluciones habidas en 1848, y durante el transcurso de los años siguientes, no colmaron los deseos socialistas de justicia social, pero cumplieron con la misión de terminar con la explotación de unos países por otros, al menos en Europa, Engels manifestó:
"Entre 1848 y 1871 (ahora, Engels recordaba la revolución de la Comuna de París) los mismos, según dijo Marx, que habían inspirado la revolución de 1840 (ya que esa revolución fue promovida por las clases medias, además de por los estudiantes) se convirtieron en sus verdugos. Las clases obreras se limitaron desde el primer momento de la revolución a ayudar a los burgueses a tomar el poder (...) Las revoluciones de 1848 condujeron a la unificación de los pueblos dentro de las fronteras nacionales, y a su emancipación del yugo extranjero, condiciones que hasta allí no habían disfrutado. Estas condiciones son hoy realidad en Italia, en Alemania y en Hungría. Y a estos países seguirá Polonia, cuando la hora llegue".

Aunque las revoluciones de 1848 no tuviesen carácter socialista prepararon, sin embargo, el terreno para el advenimiento del socialismo.
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