6 may. 2013

Toma de Badajoz. Juan Yagüe. Antonio Castejón. Destino Madrid

Avance de los nacionales durante últimos de julio y 1-20 agosto 1936.
Menorca es zona roja, el mapa está equivocado
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"Mi pensamiento acerca de los responsables de la guerra civil"
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Franco y Yagüe en Sevilla, julio de 1936
                                                                 Capítulo Quince
                                      Destino Madrid. Toma de Badajoz. Juan Yagüe
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Titular de la prensa del Frente Popular sobre Badajoz
Pasadas las primeras fechas desde que se inició Alzamiento, la principal preocupación de los dos bandos contendientes era el control de la capital española, Madrid.
El fallido levantamiento del general Joaquín Fanjul dejó el Ejército del Centro en manos de la República del Frente Popular, con todos los ejércitos y la gran cantidad y variedad de material bélico que ello suponía. Aún así, el gobierno consideró conveniente reforzarse con columnas de milicianos procedentes, sobre todo, de Barcelona y Valencia.
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El Ejército Nacional dispuso enviar una buena parte de las tropas ubicadas en Andalucía a la región central, pero tomando antes la provincia de Badajoz para conectar las dos regiones donde el Alzamiento había triunfado; mientras que los militares de Navarra, con el concurso del Requeté, y las tropas leales de Burgos, Galicia y Valladolid se dirigirían hacia la sierra de Madrid.
Las columnas que partieron de Andalucía deberían tomar Zafra, Mérida y Badajoz, para luego avanzar por el valle del Tajo hacia la capital. Plan que, posteriormente se modificó, retrasándose, debido al tiempo perdido necesario para liberar a los sitiados en el Alcázar de Toledo.
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Cartel de voluntarios para los nacionales
Como los cielos peninsulares estaban en poder de la aviación de la República del Frente Popular, hasta la llegada de aviones y pilotos procedentes de Italia y Alemania, el avance de las fuerzas nacionales se realizaba con preferencia durante las noches (conforme nos relataron José Manuel Martínez Bande  y Ramón Salas Larrazábal). Las columnas tenían que desplazarse con rapidez y por separado, pero estando en contacto entre sí. Y, desde luego, no deberían presentar combates complicados en horas diurnas para no demorar el plan trazado.
Esta misión exigía tratar con suma energía a las milicias y fuerzas militares opuestas, utilizando la artillería ligera que portaban y evitando, en lo posible, las luchas cuerpo a cuerpo, con los heridos que ello implica, y la toma individual de edificios. Resultado, se permitía la retirada del enemigo atrincherado en los pueblos, que o se encaminaría hacia Badajoz o lucharía en campo abierto, si es que deseaba combatir.
El pillaje era castigado con dureza.
Desde Sevilla, las columnas comenzaron a desplazarse el 2 de agosto. El teniente coronel Carlos Asensio Cabanillas dirigió la primera en salir, conformada por el Segundo Tabor de Regulares de Tetuán y la Cuarta Bandera del Tercio.
Al día siguiente, el comandante Antonio Castejón Espinosa partió desde Sevilla con sus legionarios, con la orden de proteger los flancos de Asensio y, de esta forma, sorprender y envolver a posibles enemigos. Los dos cuerpos de ejército deberían encontrarse en las puertas de Mérida, pues se suponía que  el avance de Asensio sería más lento, al tener que eliminar las esperadas pequeñas resistencias que se encontrarían en el camino.
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En esos días, el gobierno de Madrid cometió un enorme error, fundamental en el porvenir de la guerra, sobrevaloró a sus tropas, estructuradas conforme el patrón soviético, e hizo todo lo contrario con las nacionales, pues consideró que contando con un doble o triple de efectivos y el apoyo de la aviación sería suficiente para vencer en la batalla prevista. Al frente de las tropas colocó al coronel de infantería  Ildefonso Puigdendolas Ponce de León, que se había distinguido al sofocar el Alzamiento en Alcalá y Guadalajara.

General Juan Yagüe, en agosto de 1936, teniente coronel
El 5 de agosto partió desde Sevilla una tercera columna, por si se complicaba la batalla y para sofocar previsibles pequeños focos de resistencia dejados atrás por Asensio y Castejón. También serviría como refuerzo  en el camino hacia Madrid. Su avance fue rápido, por campos andaluces y extremeños ya pacificados.
Puigdendolas, con su ejército de soldados, fuerzas de seguridad y milicianos, compuesto por seis mil hombres, a los que se añadirían los presentes en los lugares de destino, no comprendía con la suficiente claridad el sentido del Alzamiento, tampoco la valía de sus oponentes ni el convencimiento en la causa de muchos de sus hombres, por lo que los destacamentos  de la Guardia Civil integrados en su ejército se pasaron al enemigo. Además, los efectivos de la Guardia de Asalto se amotinaron durante horas, debido al doloso fracaso de una columna que la imprudencia de Puigdendolas había enviado para retener a Asensio en su avance..
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El 7 de agosto, las tropas de Asensio tomaron Almendralejo, donde existió cierta resistencia, y, luego, con más facilidad, todos los pueblos en el camino con destino Badajoz.
El entonces teniente coronel Juan Yagüe Blanco se incorporó al mando de las tres columnas en Mérida, tomada el 11 de agosto por Asensio y Castejón.
En Badajoz se presentaron las columnas de Asensio y Castejón el 14 de agosto; en total sus efectivos consistían en unos dos mil legionarios y aproximadamente setecientos regulares, número sensiblemente inferior al de combatientes frentepopulistas. Además, los nacionales no contaban con el apoyo de aviación y disponían de menos material pesado. El ejército y las milicias del Frente Popular estuvieron dirigidas por los coroneles Puigdendolas y José Cantero Ortega, que capturado fue juzgado y fusilado.
Se dispuso el ataque para la noche del 14 al 15 de agosto, con la pretensión de anular tanto a la aviación como a la artillería del Ejército del Frente Popular, emplazada con torpeza. Se logró abrir una brecha entre los defensores a costa de la muerte de varias decenas de legionarios. El enemigo huyó apresuradamente, abandonando el material militar, y refugiándose los milicianos y fuerzas de seguridad locales en sus viviendas, mientras que el ejército de Puigdendolas huyó en todas las direcciones, alejándose de la ciudad.
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Legionarios y un tanque en Asturias
Las primeras luces del día 15, observaron cómo el Ejército Nacional entraba en los edificios pacenses, identificando a los combatientes que la noche anterior habían abandonado precipitadamente la batalla, gracias a las marcas que habían dejado en sus cuerpos la utilización de los rifles.
Un número nunca determinado de milicianos fue fusilado en la plaza de toros, pero se estima que las bajas de las fuerzas del Frente Popular (las del  ejército de Puigdendolas sumadas a las de los voluntarios locales)  entre muertos en batalla y ajusticiados, alcanzó la cifra de cuatro mil. Días antes de la batalla, los frentepopulistas habían estoqueado y asesinado en la plaza de toros de Badajoz a dos terratenientes significados de la derecha.
Puigdendolas huyó a Portugal desde donde se reincorporó a su ejército, muriendo durante una batalla en Parla. El resto de la oficialidad, escapó con su coronel, murió en combate o fue fusilada.
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La lógica aparente de una victoria frentepopulista en Badajoz, o al menos de una resistencia sino similar, sí un poco parecida a la presentada por los nacionales en Oviedo, Gijón, Toledo o Santa María de la Cabeza hubiese modificado sensiblemente la evolución de la guerra.
El día 17, los nacionales partieron hacia Madrid, vía el Alcázar de Toledo y Talavera de la Reina.
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Los Regulares de Yagüe en Badajoz, agosto 1936
                                                                   Partes de Guerra
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Badajoz, fusilamientos de represalia
Brigada Internacional Abraham Lincoln, conformada
casi en exclusividad por judíos norteamericanos
El Gobierno de Madrid eludió dar partes de guerra relativos a la batalla de Badajoz, comunicando, en esos días, a la prensa la marcha de los combates en la sierra madrileña y los desplazamientos de las columnas catalanas hacia Aragón, o noticias como la siguiente, que el 18 de agosto se publicó en los diarios afines a la República: "Saludos a los defensores de una España libre y democrática, se lee en los carteles que llevan los obreros rusos en la grandiosa manifestación de simpatía hacia el pueblo español celebrada en la Plaza Roja de Moscú. En la tribuna de la presidencia del mitin, sobre el mausoleo de Lenin, los obreros de una fábrica de tejidos escucha (...)".

Juan Yagüe
Por otra parte, en el bando nacional se confundía los deseos con la realidad, y así el 20 de julio se comunicó que los aviadores nacionales "desde el aire" habían observado: "Fuertes columnas, al mando del general Franco, con la Legión Gloriosa, regulares, fuerzas peninsulares de Marruecos, potente artillería desembarcada por nuestra Escuadra en las costas andaluzas, incrementada sin cesar por unidades del Ejército de Andalucía (...) siguen avanzando hacia Madrid".
El 22 de julio, el general Francisco Franco, desde Tetuán, en una alocución destinada especialmente a oyentes de Italia, Inglaterra y Portugal, proclamó: "Una gran base formada en Sevilla envía una columna para tomar Madrid (...)".
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