31 mar. 2011

Las transformaciones de Manuel Azaña. El emprendedor. El soberbio


Manuel Azaña, caricatura
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                Las transformaciones de Manuel Azaña. El emprendedor. El soberbio
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Durante los tiempos de vida de la Segunda República Española no sólo mutó el PSOE (1), Manuel Azaña también lo hizo, y con reiteración. Su transformación fue casi tan patente que la de los socialistas y, sobre todo, más patética a partir de las elecciones generales de noviembre de 1933, cuando la coalición de su partido con los socialistas fracasó, al pasar el electorado factura por la mala gestión que ambos partidos habían realizado cuando detentaban el poder de la nación.
Se puede considerar en la vida política de Azaña cuatro características diferenciadas entre sí: el emprendedor inteligente, el soberbio destructor, el títere estalinista y el arrepentido tardío.
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Azaña, el emprendedor inteligente
Alfonso XIII con Severiano Martínez Anido
y Juan Bautista Aznar
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El alcalaíno Manuel Azaña nació en 1880 dentro del ámbito de una familia intelectual y acomodada. Estudió Derecho y ejerció como escritor y periodista, llegando a ser funcionario del ministerio de Gracia y Justicia, además de directivo del Ateneo de Madrid.
En agosto de 1930, los líderes del incipiente movimiento republicano y de la socialdemocracia se reunieron en San Sebastián, en el conocido como Pacto de San Sebastián, con la finalidad de estudiar la forma de derrocar la monarquía e implantar el régimen republicano en España. Azaña y Miguel Maura fueron los más preciados colaboradores de Niceto Alcalá Zamora en esta misión.
Por su actividad contraria a los intereses del poder establecido, toda la cúpula del Pacto de San Sebastián fue internada en la cárcel. Con esta decisión se incrementó el deterioro de la situación política y social española.
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Sucesos de Casas Viejas, encausados
El artículo de Ortega y Gasset en "El Sol" del 15 de noviembre de 1930 no sólo daba fe de ello, sino que también reclamaba la disolución de la monarquía. Las palabras en él escritas significaron el final del reinado de Alfonso XIII. De esta forma terminaba"Españoles, nuestro Estado no existe. ¡Reconstruirlo! Delenda est Monarchia" (2).
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El 13 de abril de 1931, salieron de la cárcel los encausados por el Pacto de San Sebastián. Aquel día, ejercía como primer ministro de España el almirante Juan Bautista Aznar-Cabañas, que había sustituido al general Dámaso Berenguer. Su elección había sido definida por Ortega como "El error Berenguer".
El clamor popular solicitando elecciones legislativas para obtener un sensible giro en la política fue reconducido por la monarquía a unas teóricas menos trascendentales elecciones para concejales.
Tras las elecciones para concejales en los Ayuntamientos españoles, el análisis de sus resultados y la intranquilidad y descontento general, motivaron que Alcalá Zamora se reuniera con el conde de Romanones en el domicilio madrileño de Gregorio Marañón.
Romanones actuaba en nombre del rey y estaba en permanente contacto con él. Allí, y según relató Alcalá Zamora en sus "Memorias": "la capitulación de la corona en casa de Marañón fue ofrecida por aquellos, sin darnos tiempo a exigirla, cual ya habíamos decidido" (3). La Segunda República acababa de nacer, de hecho.
Se configuró un Gobierno Provisional. En él, Alcalá Zamora era el presidente del Consejo de Ministros, Azaña el presidente de la República y Miguel Maura el ministro de Gobernación (4).
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                                                       Azaña, el soberbio destructor
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Sólo habían transcurrido cuatro semanas desde el establecimiento de la República cuando se presentó un problema. Su irresolución supuso a la postre el gran paso para la ruptura de España en dos mitades.
España era una nación que había estado unida durante cuatro siglos debido al autoritarismo real y la dureza en la aplicación de las leyes. Sin embargo, en esta ocasión la actuación de los gobernantes fue nula débil e injusta, al dar la razón al agresor. Sucedió lo siguiente:
El 11 de mayo de 1931, las izquierdas molestas por una reunión de monárquicos realizada el día anterior, asaltaron la sede del periódico ABC, pues este diario era partidario del regreso de la monarquía. El éxito de la tropelía y la ausencia de represión policial logró que una caterva de incendiarios, a continuación, quemaran templos, obras de arte y sedes católicas a lo largo y ancho de España. Así durante dos días.
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En la consecuente reunión ministerial, Miguel Maura "con asombrosa timidez" propuso frenar los desafueros. Alcalá Zamora evitó tomar cualquier solución al respecto. Oponiéndose a Maura, fue Azaña el que sentenció la situación con una frase para la historia: "Eso no, todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano". Ningún incendiario fue procesado.
La inaudita y vergonzosa nota oficial facilitada por el Gobierno fue: "Volved al trabajo y dejad solo en las calles a los conspiradores monárquicos y a los agitadores que hacen su juego a la extrema izquierda". Esta forma de proceder de la autoridad dio paso a los luctuosos sucesos de Castilblanco, Arnedo y, sobre todo, de Casas Viejas. Ortega en un artículo publicado en "Crisol", el 9 de septiembre de 1931, alertó,, refiriéndose a la desafortunada evolución de la República: "No es esto, no es esto" (2).
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Casas Viejas. Los revolucionarios muertos
La soberbia de Azaña, aquella inconmensurable soberbia destructora que soliviantó a los españoles, llegó a su apogeo en su discurso del 13 de octubre de 1931 con motivo de la aprobación en las Cortes de la nueva Constitución, allí proclamó: "España ha dejado de ser católica" (6). Pocos meses después se incautaron los bienes de la Compañía de Jesús.
Azaña pretendió crear una nueva izquierda que no se basara en el marxismo y que a la vez se desembarazara de las tradiciones religiosas, que son también culturales. Una izquierda que acabase con los problemas seculares de España y que no cayese en la órbita del estalinismo, solitaria versión existente, en aquellos tiempos, del socialismo en Europa. Una izquierda que, en coalición, él conduciría en su camino para la toma del poder y consecuente imposición de sus ideas. Y Azaña tuvo demasiada prisa en desarrollar su insólito proyecto. De ahí la raíz de su soberbia, y nefasta equivocación política, valedor y justificante del avance del estalinismo en España.
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El desastre social y económico de la primera legislatura republicana concluyó en las elecciones generales adelantadas del 1 de noviembre de 1933, en ellas fracasó la coalición de republicanos y socialistas gobernante. Acción Republicana, liderada por Azaña, sólo consiguió cinco escaños.
Manuel Azaña
Alejandro Lerroux sustituyó a Azaña al frente de un gobierno de centro, cuando las elecciones generales las habían ganado la CEDA, partido de derechas de Gil Robles.
Alcalá Zamora que había permutado su cargo con Azaña tras las primeras elecciones, ofreció aquí nuevas muestras de su miedo para aplicar la ley y la lógica desde su puesto de presidente de la República.
Durante septiembre y octubre de 1934, la cúpula socialista, apartada del gobierno al perder las elecciones, provocó una revolución armada en la cuenca minera de Asturias y León, con el fin último de generalizarla a toda la nación; para ello contó con el apoyo de la huelga general convocada por los sindicatos y el desconcierto creado por Lluís Companys al proclamar el Estado Catalán.
Fracasadas todas las maniobras revolucionarias, tanto la jefatura socialista como Azaña fueron encarcelados, aunque la causa formulada contra Azaña fue sobreseída. Por todo ello, Azaña tuvo motivos suficientes para abandonar el ejercicio de la soberbia.
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Tanquistas soviéticos. Guerra Civil
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(5) Azaña y la quema de templos
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Continuará esta serie con "Azaña, el títere y el arrepentido". En total son seis los artículos que he publicado con Azaña en los titulares.
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Leer: "El Alzamiento Nacional fue proyectado y provocado por la Internacional Comunista y el Gobierno de la República Española del Frente Popular"
La vida en las trincheras. Guerra Civil
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Fotografía de cabecera. Caricatura de Manuel Azaña

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Fotografías en orden descendente:
-Alfonso XIII con Severiano Martínez Anido y Juan Bautista Aznar. Faltaba muy poco tiempo para la llegada de la Segunda Repùblica.

-Suceso de Casas Viejas, durante los primeros tiempos de la Segunda República Española
 -Guerra Civil, milicianos.
-Suceso de Casas Viejas.
 -Manuel Azaña
-Tanquistas soviéticos en la Guerra Civil. La unió Soviética no sólo aportó aviones y tanques, sino también conductores y mecánicos.
-Guerra Civil, vida en la trinchera.
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